Carlos Pistelli

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I-Sarmiento, tu grato nombre.

Sarmiento_Militar

Debo advertiros que tengo por el genial sanjuanino un cariño especial, inexplicable a ciencia cierta. Me ha dolido en demasía que no se le recordara en el centenario de su nacimiento en 2011, como se debiera. Porquen Sarmiento se advierte el drama argentino como en pocos personajes históricos. Debe ser la figura más compleja y completa de la historia del país. Por eso estas necesarias líneas, que de ningún modo terminan siendo una apología del personaje.

Nacido en San Juan en 1811, un año, casi, más luego de la Rev. de Mayo. Su padre, Clemente, es soldado de Los Andes. Su madre, Paula Albarracín, la verdadera jefa del hogar. En sus mocedades se enlistó en el partido unitario de las provincias. Era sobrino de los Oro, uno de ellos congresal de Tucumán en 1816. Otro, Domingo, era colaborador estrecho de Estanislao López en 1829, y amigo personal de Lucio Mansilla, el héroe de Obligado y Quebracho, enamorado reservado de la mujer de éste, nada más ni nada menos que Agustina Rosas, la mujer más hermosa de Buenos Aires, y hermana del Restaurador de Las Leyes. En el exilio que une a Mansilla en 1852, huyendo del postrosismo, con Sarmiento, que se va desengañado de Urquiza, nace una gran amistad con el hijo del héroe, otro variopinto personaje llamado Lucio Victorio Mansilla. Esta amistad merece ser comentada, más luego.

Exilado por determinación propia en Chile, al salir del país escribe su frase máxima, aunque tendrá otras significativisimas: en perfecto francés “Las ideas no se matan”, que luego, en una edición de su “Facundo”, completa: “A los hombres se los degüella, a las ideas no.” Educador por antonomasia, comete una torpeza partidaria en sus aires antirrosistas: Alienta al Gobierno chileno, si éste no lo alentó a él, a ocupar la Patagonia. Esas palabras costaron un siglo y medio de conflictos limítrofes con el hermano país trasandino.

Es amigo, en el exilio, de Juan Bautista Alberdi, y de Bartolomé Mitre. Pero con el primero rompe la amistad en 1852, cuando el sempiterno viajero, se vuelca a la Confederación Urquicista, mientras el sanjuanino permanece unitario y porteñista. Acude a Buenos Aires, llamado por Mitre. Es el instigador permanente de las guerras civiles contra el gauchaje. Dos sonoros episodios en San Juan, dan fe de ello. Instiga matar al caudillo que aborrece, Nazario Benavídez. Pero cuando en son de revanchismo, el que cae es su amigo del alma, Antonino Aberastain, se declara en guerra. Su sed de revanchismo anti gaucho lo llevan a escribir y ejecutar los peores latrocinios que un hombre puede llegar a cometer. Gobernador de San Juan en 1862, la sangre vertida en aras de constituir el mitrismo en las provincias todavía tiene recuerdo fresco en la memoria andina del país. Si lo sabrá Ángel Vicente Peñaloza. “La sangre, es lo único que tienen de humano”. Fue tan bochornoso el papel de Sarmiento en las dragonadas mitristas de esos años, que tuvo que renunciar y dejar el país, en medio de la peor de las consideraciones públicas.

En su nuevo viaje por el mundo (el primero fue en la década del ’40 y conoce a San Martín en Grand Bourg), todos recuerdan como pasaba al Gobierno “gastos por orgías”. En 1865, en su fobia antiespañolista, participa en el Congreso americanista de Lima, pero es desautorizado por el canciller mitrista, Rufino de Elizalde.

Pero en 1866 recibe un golpe letal a su corazón terrible: Su hijo querido es muerto en Curupaytí. Nunca olvidará que fue producto de la impericia del general en jefe de las tropas aliadas de la Guerra al Paraguay. Sabe, o cree saber, que su hijo fallece al mando de Lucio V. Mansilla, y cree, o necesita creer, que su viejo amigo le cierra los ojos.  Desde entonces, se ablanda.

(https://carlospistelli.wordpress.com/2012/12/29/x-la-guerra-del-paraguay-lecciones-historicas/)

No sabemos todavía el porque el presidente de la República en el período 1862-68 quiso imponer como sucedor a Elizalde, mal querido por ser yerno de un importantisimo jefe brasileño. Entonces, Mansilla, en prenda de la vieja amistad, lanza al ruedo electoral el nombre de Sarmiento. Su nombre desconcierta a todos. Pero para el ejército mitrista, es preferible a Elizalde. Adolfo Alsina, gobernador bonaerense,  se da cuenta que no le alcanzan los votos para alcanzar la presidencia. Dalmacio Vélez Sarfield, suegro sin saberlo de Sarmiento, le susurra a don Adolfo el nombre necesario para extender su nombre por los confines de la República. Y será Sarmiento-Alsina, porque la muñeca magistral de don Adolfo, deshace dos candidaturas de peso: la de Elizalde, y la del general Urquiza. Sarmiento, ha alcanzado la presidencia del país: ¡Quién lo hubiera creído! Algún día narraremos lo que fue la elección presidencial que lo depositó en el sillón de Saavedra.

Llega al país el presidente electo, recibido en triunfo, y por el saliente. Pero la mirada es inexpugnable:

-Aquí le traigo a su hijo (Bartolito) sano y entero como se lo prometí…

Fueron palabras tremendas. Bartolito, es Mitre, hijo del presidente, y secretario personal de Sarmiento en sus viajes. Las palabras eran un reproche inmenso al General que no supo cuidar, no solo a Dominguito, sino a los casi diez mil aliados que fenecen en Curupaity, producto de su impericia militar. Desde entonces, la vieja amistad se termina para siempre, y a Sarmiento lo salva, para la posteridad, su enconado antimitrismo perpetuo…

Tres personajes históricos, cuya valía habla por sí sola, fueron los que mejor lo definieron:

  • Julio Argentino Roca, dirá de él, “Fue un ideólogo, un hombre que ama a la idea en abstracto. Sarmiento amaba a la humanidad, pero aborrecía a los hombres”.
  • Arturo Jauretche, en su “Manual de Zonceras criollas”, destruye el mito del estudiante ejemplar. Es para releerlo, una y otra vez.
  • Pero será Ernesto Che Guevara quien mejor defina a don Domingo, “Se lo tendrá como al educador, por su obra educativa; Como a quien entregó el país, por su papel despiadado con los ferrocarriles. Pero lo que hará eterno a Sarmiento, es su “Facundo”, la obra mayúscula de las letras argentinas.

A su obra máxima, nos abocaremos en la próxima edición:

continuará

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8 comentarios

  1. Carlos G.

    Yo soy admirador de el genial sanjuanino, tenía una idea de “progreso” como nadie y la llevó a cabo, en todos lados: acá por ejemplo impulsó con sus amigos que se hiciera el hotel Termas y vino antes de morir, hay una biblioteca popular genial cosa que hizo durante su presidencia para democratizar la cultura, etc. Para mi es el hombre renacimiento de la Argentina, es nuestro Leonardo.
    Encima tiene un apellido que hasta es poético: Argentina con él -podría decirse- que era un sarmiento de la cultura europea

  2. Javier

    Sintesis de los pro y los contra de Sarmiento. Nadie (salvo los necios) discute su aporte educativo de avanzada, sobre todo en materia de educación primaria: su mayor acierto consistió en sostener que había que dar educación elemental a todos, más que preocuparse en los altos niveles educativos a los que accedían las elites. Sólo los rosistas fanáticos pueden discutir los indudables méritos de Sarmiento como UNO DE LOS MEJORES ESCRITORES ARGENTINOS de todos los tiempos. Esa novela extraordinaria conocida como “Facundo” (nadie vaya a creer quer se trata de un libro de historia, pues el propio Sarmiento reconoció que era una montaña de mentiras) contiene una de las prosas más expresivas de la lengua castellana. Pero como político, ideólogo e intelectual, Sarmiento produjo algunos de los peores rasgos de la cultura argentina: el cholulaje (que no inventó él, pero lelva a su cúspide) hacia todo lo europeo-yanqui; el desprecio hacia todo lo americano autóctono; el racismo furioso y sanguinario; el odio hacia gauchos e indios (anticipo del actual desprecio hacia la gente morena calificada de “negros” por el medio pelo argentino); la justificación abierta del asesinato político; el apoyo a las políticas belicistas de Mitre en la Guerra del Paraguay; el apoyo al exterminio de indios; el apoyo al predominio de Buenos Aires, etc. Por todos estos motivos, y sin desconocer sus aportes y sus méritos, tuvo una influencia muy negativa en la formación de los argentinos. Esta influencia negativa proviene del culto a Sarmiento más que de su propia intención, ya que la mayoría de las atrocidades que hizo o dijo Sarmiento tenían un carácter circunstancial, incluso para él, que cambiaba de opinión frecuentemente y que no daba a sus exaburptos mayor importancia, pero luego fueron sacralizadas como ejemplos.

  3. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:

    SARMIENTO, TU GRATO NOMBRE!!

  4. Carlos Pistelli

    Juan Carlos Serqueiros El general Sarmiento! jajaja Y se cansó de pedirle a Roca que lo ascienda a teniente general. Creo que en la historia universal hubo sólo dos casos de “enfermos” por los uniformes: Sarmiento y Mata Hari.

    Lilian Piccolo Vea Ud. como son las casualidades, hace unos días estuve en San Juan, visité la casa natal del ilustre educador y viviendo en un pueblo de 1200 habitantes, sabrá que las noticias vuelan. Resumiendo, me visita hoy la directora de la Escuela primaria para invitarme al acto del dia del maestro y comentamos la mencionada visita, me pide que si, en una charla informal, puedo contarle a los chicos algo acerca de lo recopilado en mi cabeza acerca de ese lugar y del propio Sarmiento. El personaje no goza demasiado de mi simpatía por lo tanto no me resulta fácil hacer un comentario sin herir suceptibilidades justamente en el dia que se conmemora su muerte. este escrito suyo me ha ayudado a acomodar un poco las ideas para ser lo suficientemente clara sin ser díscola ni obsecuente.

    Juan Carlos Serqueiros El hombre de corazón helado. Creo que en su vida amó a sólo dos personas: su madre (que es lo que lo salva como argentino, porque para todo argentino que se precie de tal, no hay nada más sagrado que la vieja) y a su hijo Dominguito. Y de hierro en el poder; para mí, sólo el Restaurador lo igualó en inflexibilidad (aunque Rosas era infinitamente más político; Sarmiento era la negación de la política). Lástima, porque su talento era inmenso. Eso de los “hermanos trasandinos”, déjelo pa’ usté solo, viejo; a mí no me meta, no quiero saber nada con esos bichos jajaja. Muy buena la nota y la elección del personaje histórico. Ah, no era “vendepatria” como se lo suele acusar: un vendepatria no funda el Colegio Militar, ni la Escuela Naval, ni el Observatorio.

  5. Norberto Briggiler

    Algunas palabras para describir tanta loca pasión. Bien se menciona la complejidad de Sarmiento, pero en algún sitio debemos colocar líneas divisorias.
    Coincido con el Che: Sarmiento pasará a la historia por ser uno de los dos mejores escritores argentinos hasta el presente. Tal vez el primero por la potencia rayana en la demencia de sus palabras.
    “… triunfa la pampa y ostenta su lisa y velluda frente, infinita …” tiene una fuerza descriptiva brutal. El paisaje pampeano original, era una rareza incomprensible para el mundo, y usé esas palabras varias veces para que me comprendieran visitantes extranjeros.
    Escribe sobre cuatro tipos de gaucho que considera representativos (el baqueano, el cantor, el gaucho malo y el rastreador) con inocultable admiración y execrable odio asesino.
    Puede ocurrir que cuando termine mi enésima lectura del Facundo (en eso estoy embarcado desde hace unos días) quede como primer figura literaria argentina. Borges fue más sutil y más torpe, y sus escenarios son la condición humana y su herramienta el manejo creativo del lenguaje. Muy superior en la lengua pero muy detrás en la pasión.
    Las lineas divisorias son definidas por puntos.
    No fue un vende patria, pero pudo serlo con un giro pequeño de la fortuna. Su posición sobre la Patagonia cambió porque eso satisfacía su voracidad de poder y fama.
    Se cita su pasión por usar uniforme. Logró una muy ambicionada y única condecoración por su presencia en naves brasileñas durante el combate del Paso del Tonelero. Algo muy parecido a la Vuelta de Obligado, pero con tres futuros generales argentinos en las naves enemigas y Lucio Norberto Mansilla esperando en la barranca Acevedo (Ramallo). Por haber observado el combate saboreando una picadita (y alguna gestión diplomática) el emperador del Brasil condecoró a tres futuros generales argentinos, Mitre, Paunero y Sarmiento, con la Orden Militar de la Rosa, como oficiales con honores y tratamiento de coronel. Entiéndase bien, como oficiales de Brasil y apuntando a lo que terminaría en Caseros.
    Otros fueron más estrictos con sus líneas divisorias: Martiniano Chilavert y Pedro José Díaz se cruzaron de Montevideo a Buenos Aires para defender a su patria pese a ser convencidos unitarios antirrosistas. Ambos lideraron los cuerpos más firmes de Rosas en la batalla, ambos murieron, y Chilavert, jefe de la artillería fue especialmente vejado.
    Los brasileños festejan con Caseros la recuperación del honor perdido en Ituzaingó. No dudo qué hubiera pensado don José de San Martín sobre lo ocurrido si el agudo analista político hubiera vivido un par de años más. De la visita que había recibido de Sarmiento en su viaje pagado por el gobierno chileno había pasado de la admiración a opinar “San Martín es el ariete desmontado, … anciano abatido y ajado por las revoluciones americanas, ve en Rosas al defensor de la independencia amenazada, y su ánimo noble se exalta y ofusca”. El ofuscado fue Sarmiento por los elogios a Rosas, que termina tratando de mostrar a un San Martín declinante que veía “fantasmas extranjeros”.
    Hay mucho más, y todo corta con dos filos.
    Conclusión: qué soberbio escritor fue Sarmiento.

  6. Norberto Briggiler

    Agrego un segundo comentario sobre un tema que alguna vez será dilucidado.
    Debo confesar que hay algo que siempre me molesta: observar la pose tan grata a Sarmiento donde luce uniforme de “general” y una destacada condecoración. Semejante apostura sumada al “Facundo” justifica plenamente el delirio de Corretjer: “Por ver grande a la Patria tu luchaste, con la espada, con la pluma y la palabra”
    Sarmiento fue el “prócer” más importante para mi niñez., cosa esperable del hijo de dos maestros, y alumno de una descendiente de los Belin Sarmiento, y todos obligados lectores de buenas plumas. Una vez hice una pregunta a mi padre del tipo que solía escucharme. “¿Por qué Ricardo Rojas lo apodó el profeta de la pampa? Me contestó de taquito citando de memoria esa grandiosa imagen “…triunfa la Pampa y ostenta su lisa y velluda frente…” No quiero abundar más para conceder una pluma maravillosa.
    Con lo de la palabra tengo mis dudas. Tal vez surjan de los años en que fue un empleado del gobierno chileno en el tema soberanía sobre la Patagonia y otros como la educación. De hecho, el primer y más productivo viaje por Europa y Estados Unidos fue un trabajo encargado por el presidente chileno. En ese viaje entrevistó al General San Martín para luego dictar conferencias en una dirección y escribir cartas en otra.
    Ayuda a embellecer la imagen del prócer la sobreestimación de su labor educativa, Esa labor existió y fue importante, pero no superó la labor de otros en términos relativos a los tiempos en que vivieron y a los recursos disponibles, quienes no limitaron sus planes a la educación primaria, como lo hizo Sarmiento. Como botones de muestra cito la labor de Estanislao López en los albores de la Provincia de Santa Fe y de Julio Argentino Roca, quien fue el presidente que impulsó la Ley 1420 de Educación Común, Gratuita y Obligatoria, que la mayoría asigna a Sarmiento.
    Pero el aspecto que ahora me preocupa es la espada, simbolizada en una condecoración. Y entonces hay que elegir en un aspecto escabroso. Elegir qué guerra culminó en Caseros: la Campaña del Ejército Grande o la Guerra do Prata. En los hechos la campaña fue financiada principalmente por la rama británica de la Banca Rothschild. Lo hicieron a través del primer emprendedor capitalista moderno de Brasil: el Barón de Mauá. Una vez expulsado Rosas, en1858 se fundó en Rosario la primera sucursal de un banco extranjero en el país, que a su vez era la primera sucursal abierta por un banco brasileño fuera de Brasil. Así pagaba Urquiza dos deudas. Una de ellas era con Brasil, por dejar formalmente a Urquiza como Comandante en Jefe del Ejército ¿invasor? a pesar de que Brasil era la unidad política que aportó la mayor cantidad de combatientes, que además estaban entrenados, frente a las unidades de la Confederación. Además, Entre Ríos y Corrientes aportaron montoneras que no estaban a la altura de los siririseros santafesinos que alguna vez liderara Estanislao López. A esto hay que sumar los activos que llegaban de Londres para financiar toda la movida. Por otro lado, Urquiza cumplía con el apoyo activo de la Villa del Rosario que fue el punto real de ingreso del Ejército Grande. Inversiones y actividad económica era lo que necesitaba Rosario para recuperarse de la infame destrucción aplicada por Balcarce en el año 18. Retomando el tema del uniforme de general y condecoración que lucía Sarmiento, supongo qu uno de sus motivos era el placer de ordenar a otros desde el sillón de gobernador de San Juan para concretar un pequeño genocidio de gauchos. Y la medalla se la había otorgado Pedro II por una gestión especial hecha por un diplomático uruguayo. El emperador de Brasil entregó esa condecoración a un general futuro presidente de la Argentina (Urquiza) y a dos futuros generales, uno de ellos también futuro presidente (Paunero y Sarmiento). Parece que Urquiza tuvo la prudencia de no mostrar o mostrar poco la condecoración, a diferencia de Sarmiento. Creo que se debe reflexionar en profundidad acerca de estos hechos. Hoy día, si tengo que dar una opinión, afirmo de inmediato que hasta donde yo sé, se está ante la figura de traición a la patria. O sea un crimen que durante el siglo XIX se castigaba con un pelotón de fusilamiento.
    Confieso que no estoy demasiado seguro, pero vale la pena investigar más. Hay, por lo menos, una figura histórica (Urquiza) que debería tener una impresión similar, cuanto menos que no estoy delirando.
    Esto me lleva a Martiniano Chilavert y Pedro José Díaz. Ambos eran jefes unitarios que cruzaron el charco para defender su patria y en Caseros resistieron hasta el final.
    Chilavert ya había ofrecido sus servicios a Rosas en 1846, ante el agaque anglofrancés : “por ser opuesto a mis principios combatir contra mi país unido a fuerzas extranjeras, sea cual fuera la naturaleza del gobierno que lo rige”.
    Chilavert quedó al mando de la artillería y Díaz se hizo cargo de la división principal de infantería. Fueron los últimos jefes en rendirse, y Chilavert murió al día siguiente por orden de Urquiza en un episodio muy confuso.

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