Carlos Pistelli

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VI Don Bernardo de Irigoyen, el Gobernador, Roca, y sus últimos años.

PELLEGRINI  Delfor Del Valle, sobrino de Aristóbulo, departía una tarde con un político amigo de la familia.
– Mire, Delfor, los autonomistas de Buenos Aires me tienen las pelotas llenas: ¿Por qué no va a la casa de Hipólito y le ofrece a mi nombre la gobernación bonaerense?
     Sobresaltado, Delfor salió corriendo hasta lo de Yrigoyen, y le notificó:
– Dígale a nuestro común amigo, que él sabe que declino candidaturas.
    Apenado, el joven diputado volvió a la casa del común amigo, quien golpeó la mesa diciendo ‘Eureka!’.
– Dígale entonces, que me equivoqué de Yrigoyen, Que si lo convence a don Bernardo, tendrá nuestro apoyo.yrigoyen

   Delfor corrió nuevamente al hogar y le contó, costándole disuadirlo. Hipólito se vistió para salir, se puso su bombín, su bastón, pidió un carro y se dirigió a la casa de calle Florida:

– ¡Doctor Yrigoyen, pase y tome asiento!

   Bernardo no quería aceptar, pero Hipólito insistió. Haya sido verdad o no la historia, Pellegrini, el amigo en común de los radicales jugó su partido, como los hipolitistas, haciendo causa común con los bernardistas. Y para el período 1898-1902, don Bernardo será Gobernador de la Provincia.

 La Unión Cívica Mitrista “triunfó con 35.548 votos, mientras que los demás partidos obtuvieron las siguientes cifras: PAN (pellegrinista), 23.031; Nacionales Independientes, 8.327; UCR yrigoyenista, 8.178; y UCR bernardista, 7.248. (extraído del artículo a modo de pie de página). ” (…) Llegado el momento de la asamblea electoral, Irigoyen recibió el voto de 61 electores de un total de 114, cuya procedencia fue la siguiente: 37 electores del PAN, 20 de la UCR yrigoyenista, y 4 de la UCR bernardista“. (datos en la nota al pie de la página, en cursiva siguientes textos son extraídos de allí).

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https://carlospistelli.wordpress.com/2015/12/24/v-don-bernardo-de-irigoyen-un-partido-en-crisis/

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El Señor Gobernador. 

Don Bernardo con sus asesores, entre ellos Manuel Iriondo. http://www.acciontv.com.ar/historia/iri/

  Don Bernardo con sus asesores, entre ellos Manuel Iriondo. http://www.acciontv.com.ar/historia/iri/

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    Según Pepe Rosa, y la mayoría de los autores, don Bernardo cometió un tremendo error al aceptar la gobernación. Su gran admirado, Cecilio Mallo, lo llamó “el gran ciudadano”. Se suicidó el día de la asunción: “Para no vivir con el cáncer que siempre habría tenido en la conciencia de verlo descendiendo”.

    La Constitución impedía gobernar bajo el “presidencialismo” habitual. Regía un sistema parlamentario que lo obligaba a ‘transar’ cada decisión con la Legislatura, hechura adversaria. Los legisladores hipolitistas, desobedeciendo al jefe, hacían lo que se les c… ocurría. Fue un martirio esa gobernación.

  Pero el viejo quería gobernar alguna vez, aunque fuera al final de su vida. Setenta y seis años, 55 al servicio del páis, merecían dedicarse a un gobierno ejemplar. Alfredo Demarchi, amigo de Hipólito, nieto de Facundo Quiroga, lo acompañó en la fórmula; Adolfo Saldías fue su ministro todo poderoso, Marcelino Ugarte su ministro de hacienda. Fueron sus colaboradores Nicolás Matienzo, José Bianco, Manuel Iriondo, Rómulo Naón, Vicente Gallo, todos pibes que harán carrera.

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  ” (…) Durante el gobierno de Irigoyen el sistemático “obstruccionismo” parlamentario practicado por la Legislatura fue posible porque, al momento de recibir el mando provincial, la Cámara de Senadores se componía de 36 senadores que estaban distribuidos de la siguiente manera: 12 senadores del PAN, 10 de la UCN, 10 de la UCR hipolitista, 3 de la UCR bernardista, y 1 senador del PNI (autonomista independiente). Por su parte, la Cámara de Diputados estaba integrada por 76 miembros, de los cuales la UCN contaba con 31 diputados; el PNI, 13; el PAN, 10; la UCR hipolitista, 16; la UCR bernardista, 1; y otros 2 diputados por partidos locales que se sumaban a tres vacantes“. Dependió tanto de acordar con los díscolos hipolitistas, y sus aliados del PAN, que intentar una oposición a Roca, le resultó imposible. 

  Ese gobierno martirizado realizó una gestión aceptable. Saneó el Banco Provincia, quien volvería funcionar con normalidad en 1906; Y llevó a cabo un programa de gobierno siguiendo la línea de la época: “(..) promovió la creación de la “Dirección de Desagües” para enfrentar las inundaciones en el sur de la provincia; fomentó la investigación científica relacionada con diversos aspectos de la producción agropecuaria; impulsó la colonización en el oeste al dividir las tierras fiscales existentes en los partidos de Guaminí y Trenque Lauquen; amplió la red ferroviaria con la construcción de nuevas líneas; reglamentó la construcción de ferrocarriles económicos y se preocupó especialmente por la construcción de canales navegables“.

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Gobierno de Roca. 

    El país gozaba de una formidable paz interior, sorprendente en esos años, puesto que todos estaban unidos para evitar, o provocar, el conflicto con Chile. La ‘trinidad gobernante’ mandaba el país, Roca conducía con buen tino y un brillante elenco estable en sus ministerios, adornaba su Gabinete. Y eso pese al episodio Magnasco. Una reforma militar coordinada por el General Riccieri, sentaba las bases del nuevo ejército. Joaquín V. González. el riojano y escritor, diagramaba la política. Ambos dos se roban los dientes de los restos del General Belgrano, pero todo pasa. Regía la más absoluta libertad de prensa, y Roca era caricaturizado in extremis pero lo aceptaba: Al fin, y al cabo, los porteños tenían que exteriorizar que se la seguían chupando.

  El conflicto con Chile es el tema principal de los primeros años de su gobierno. Chile había perdido su ventaja armamentista pero seguía contando con el apoyo norteamericano. Nuevamente Roca intentó una diplomacia americanista, que consistió en fortalecer vínculos con Paraguay, Brasil y Uruguay; Perú y Bolivia que esperan recuperar sus territorios; Defendiendo a Venezuela con la famosa “Doctrina Drago”. En 1899 se encuentra con el Presidente chileno en Punta Arenas, atenuando la crisis, en especial por “La Punta de Atacama”. Cuenta una historiadora, vinculada a la familia Roca: “Que su tata recibió al Presidente, quien muy amargado comenta la posibilidad de ir a la guerra:
  – ‘Me arrastran a la guerra y guerra tendrán: No saben las huellas que dejaría una guerra en nuestros jóvenes países‘. Roca deja la casa apesumbrado, pero al tomar la calle, golpea la mesita de entrada: ‘¡No! ¡No les daré el gusto!‘. (María José Oliver)”.

   Prevaleció en el Presidente un humanismo que se le desconocía, y cuyo mérito venimos a reconocer y aplaudir. 

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     El Segundo Gobierno de Roca destaca del primero en materia económica. El país no se endeuda. De 77,6 millones de libras esterlinas se pasa a apenas 78,4 en seis años: ¡Todo un mérito para la época!. Los vaivenes de la moneda, sacudones de los tiempos de Juárez, se aseguran con la creación de la Caja de Convertilidad: Es la estabilidad monetaria: El peso se fija en 0,44 valor del oro. Perdurará así hasta Yrigoyen en 1929.  Hay esbozos de una política nacional en transporte, recursos naturales y servicios. Inclusive Roca manda a realizar un censo social para que se le diga con detalle como viven los argentinos, y que proyectos pueden llevarse a cabo para que vivan mejor. Roca sigue siendo inmensamente impopular, entre los porteños, ni hablar. Pero su gobierno ya no es antipopular, y muestra signos progresistas. Se empieza a sentir un tono de época distinto, con el nuevo siglo, que pareció hacer mella en Roca.

  Siempre que se habla de Roca, como símbolo de una época, síntesis de un proceso histórico, se desconsidera su biografía personal. Es uno de nueve hermanos. Uno de sus hermanos fallece a poco de nacer. A los doce años fallece su madre. Es enviado a estudiar, por intermedio de los favores que consigue su padre, un valiente militar, al Colegio de Concepción, donde aprende, se forma, y pelea junto al Urquicismo. Su padre, dos hermanos, mueren en la Guerra del Paraguay, donde combate con valentía. En la campaña de 1874, en la cual alcanza el generalato, muere su segundo hijo, de apenas 65 días. Durísimo golpe, dejando a su esposa sola en momento tan terrible. Al terminar su segundo mandato, fallecen otros dos de sus hermanos, y entra en una encerrona nostálgica. Viudo joven, traiciona a uno de sus grandes colaboradores  para irse con su mujer. Su hijo es un botarate, que llegará a Vicepresidente, al que tiene que rescatar de sus deudas de juego. Su yerno, su secretario personal, un afeminado, a decir de Félix Luna.

   La política, el poder, lo era todo para este hombre, que empieza a convertirse, si siempre lo fue, en un pesimista de la condición humana.  

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El 1901. 

     Todo esto estalla en el primer año del nuevo siglo.

  En 1901, Mitre anuncia, a sus 80 años, su jubileo, y se retira de la política, aunque mantiene su banca en el Senado hasta 1903. Ha perdido a su principal aliado político.

  En agosto una multitud de desocupados llega hasta la Casa de Gobierno, y Roca sale al balcón a contenerlos. Se vota la Ley de Residencia: ochenta “agitadores” son expulsados del país.

   Ni siquiera el reestablecimiento de relaciones con el Vaticano atenuó las cosas. 

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    En ese difícil y largo 1901, los nervios le jugaron una mala pasada. Un insolente diplomático chileno lo quiere correr por el lado de quien la tiene más larga: “Si Chile construye un acorazado, nosotros haremos dos”, la que te parió. A Roca lo salva para la Historia Popular Argentina su marcado antichilenismo.

   Precisamente en ese año, se rompe la alianza de veinte años con Pellegrini. El “Gringo” aprovechó una estadía en Europa para resolver el zafarrancho de la Deuda Externa: Treinta empréstitos con intereses que acogotan el Tesoro. Pellegrini los unifica poniendo la Aduana de garantía. Roca dio su aprobación, y así votó el Congreso. Pero a poco Buenos Aires se le vuelve en contra, y Roca, todavía con el tema Chile en la cabeza, cede a las manifestaciones. El “gringo”, desairado por el Presidente, rompe estruendosamente con él. 

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      Ni lerdo ni perezoso, el ‘bernardismo’, se lió al ‘Gringo’. 

  Fue un duro golpe para el “Zorro”, que se había sobrepuesto a cosas peores. Pero siempre con Pellegrini al lado. Ahora las vería negras.

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La “paz”.

      El 24 de diciembre se decreta la movilización general, se retira el diplomático de Chile, y la guerra es eminente. Los gobiernos americanos, en general, parecen estar del lado argentino. Aún contra su voluntad, para hacer sentir el buen nombre y el honor argentino, Roca irá a la guerra. Hay un ambiente guerrero en el país, especialmente entre los porteños, y el Presidente recibe algún que otro vitoreo que nunca tuvo. Pero, como dije en líneas anteriores, él no quería la guerra. No por cobardía, o por ceder a las presiones inglesas; Una cuota de sentido común y humanismo primaba en la personalidad del Presidente. Pudo manejarse con demagogia hacia ese público ansioso de sangre (¡Cómo si supieran lo que es ir a frente a morir!); Pero Roca no era hombre de ese estilo. 

   El espíritu guerrero empezó a indignarse cuando vio la agachada presidencial. Hay cambios en el Gabinete y en el plantel diplomático. Hay volteretas que los gobiernos americanos no comprenden. Total, era Argentina la que llevaría el peso del conflicto bélico. Pepe Rosa, puede que se sienta identificado entre estos, pues dice: “(…) no hubo acuerdo sino una abdicación llana y lisa” de la Argentina, aceptando las ganancias territoriales de Chile. La mayoría entre los historiadores ‘nacionalistas’ tienen esta mirada.
Recomiendo el artículo del amigo Juan C. Sequeiros, al respecto. 

   Entre dos péndulos se movía Roca. Entre el honor que implicaba como argentino soportar las afrentas chilenas; Tragar amargo por la paz, porque no era cuestión. Los chilenos tienen un Presidente pacifista, pero sus palabras no suenan tanto: “Yo sé que ganaremos la guerra y cada croto cruzará la pampa lleno de riquezas: Pero dejaremos huellas de odios ancestrales en el camino”. Pero por qué no te vas a la … 

   En Perú y en Bolivia se viva a la Argentina, esperando ir a la guerra. En el Congreso Panamericano de ese año, hubo chispas entre los diplomáticos trasandinos. Tampoco ayudaban conflictos fronterizos, en donde policías argentinos entraban en territorio chileno, y viceversa. La cosa estaba bastante álgida.

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       Y de pronto, todo empezó misteriosamente a calmarse.

  Nuestra buena amiga Inglaterra se movía entre las dos cancillerías. La voz del viejo Mitre y el diario La Nación, en su período de menor ventas de la historia, pregonaba evitar la contienda. Es decir, era impopular la paz. La mayoría de la oposición, donde descuella la voz de Roque Sáenz Peña, arrecian contra el Presidente. Es interesante, porque todo el grupo “Peña”, gobernará el páis desde 1910, y eran los mayores pregoneros de la Guerra.
Pero en las alturas, Roca escucha con más atención las voces pacifistas, entre ellos la fundamental: La de su vicepresidente, Norberto Quirno Costa, que mete mano en cancillería, donde descollara años anteriores. Cuando se supo que el propio Pellegrini hablaba de paz, contra la opinión de sus correligionarios, Roca dio por terminada ‘las consultas’, y apuró los trámites.

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  El 29 de mayo de 1902 se firman los “Pactos de Mayo”. Hubo manifestaciones en Buenos Aires, y actos condenatorios en donde todos los partidos, menos el Roquista y el Mitrista, confluyeron en criticar a Roca. Fue el momento más difícil de su carrera política. El Congreso le aprobó los pactos, en sesiones secretas. Llegaba rengo a la finalización de su mandato. 

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La sucesión. 

  “Estoy al final de la jornada. En obsequio del país cometí el error de aceptar la gobernación. Procedimientos que no quiero calificar han malogrado todas mis iniciativas y han nulificado todos mis esfuerzos. Termino mi mandato sin las satisfacciones del éxito, pero con la plena aprobación de mi conciencia”.

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    Don Bernardo culminaba su gobernación, sin pena ni gloria, en 1902. Deja elegir a Marcelino Ugarte, acompañado por Saldías, quien dice, a modo de epílogo: “No había ambiente para un Gobierno de su volumen”.

  Desde ese preciso momento, Ugarte le marcó la cancha a Roca. Los votos de los diputados ugartistas definían temas, como los Pactos de Mayo, y el Presidente no puede darse el lujo de romper con el Gobernador. 

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     En 1903 empieza a hablarse de la sucesión. Felipe Yofre y Marco Avellaneda, entre los amigos del Presidente, suenan y se hacen sonar. Pellegrini, entre los opositores internos. Ninguno aseguraba la Unidad del Régimen.  Una Convención de Notables de todos los tiempos es autoconvocada para resolver en Acuerdo, el porvenir, en el mes de octubre. Roca le movió el suelo y la tierra, pero la misma se reunió y dio un nombre impensado: Manuel Quintana. 

 Fue una avivada de Ugarte quien esperaba completar la fórmula. Los electores bonaerenses eran la garantía de la victoria, más lo que pudiera sumarse en Capital y en el resto del país. Ni lento ni perezoso, Roca mandó una nueva ley electoral, ideada por Joaquín González, al Congreso: De ‘circunscripciones’, dividía el país por candidatos a ocupar. Esperaba romper con la fortaleza del Gdor. Bonaerense. 

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     El 1903 finalizaba y no había unión. Quintana se mantenía firme, como único aspirante. Los últimos amigos abandonan al Presidente. 

  Irigoyen dejó elegir a Ugarte Gobernador, y éste le devolvió el favor sosteniendo a capa y espada la candidatura de su viejo archirrival; No, si en Argentina no aprendemos más… El viejo Quintana contaba 68 años, cansado, agotado, testigo de otras épocas, pero con un renombre en la Banca Inglesa, a quien se le consultaban candidatos. Un dato, no menor, era que Quintana había apoyado los Pactos de Mayo en el Congreso. Era la voz inglesa al respecto.

  Roca pareció impotente, y Ugarte se creyó ganador: Ponerse en la fórmula era un despropósito, pero don Marcelino acaso descontara que el viejo le entregaría las riendas del Gobierno, aún el Gobierno, porque parecía que le quedaba poco de vida. 

http://bessone.blogspot.com.ar/2011/01/el-arcon-de-murillo-1903-convencion-de.html

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     Roca, entonces, debió ceder, masticando bronca. Apenas le impuso a Quintana su vicepresidente, un joven juarizta, que aprendida la lección, volvió al redil roquista. En 1904, Quintana-Figueroa, asumían como presidente y vice de la República. Al recibir las insignias de mando, el nuevo Presidente le enrostró: “Venimos de dos ciudades ilustres tan lejanas como lo son nuestras convicciones”. Se fue del país, amargado, tal vez pensando que podría volver a rosquear alguna vez como antaño.

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Los últimos años del Patriarca. 

    En 1903 anduvo don Bernardo entreverado en consultas de notable, y acude al domicilio del Vicepresidente de Roca. Pero ya el aplomo es otro. Está completamente retirado. Alguno de sus muchachos es diputado (Naón, Adolfo Mujica, Manucho Iriondo), y llevan la voz del viejo Jefe al Congreso. En 1903 se organizan los radicales, y no le tienen en cuenta. En 1905 dan una Revolución, y ni lo mencionan. 

 Por prestar un nombre ilustre a una candidatura que Roca desestimó a último momento, se une a un grupo menor de amigos para sostener la fórmula Marco Avellaneda – Drago. Será su última actividad política.

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     Algunos amigos le visitan y tertulian del pasado venturoso. El 30 de agosto de 1903 fallece Vicente Fidel López: Una época se termina. En agosto de 1905 un atentado anarquista casi se lleva la vida del Presidente Quintana. Convaleciente, ya no volverá a gobernar, arrastrando viejos achaques de salud. El 9 de enero de 1906: Muere Mitre, su viejo adversario. Dos meses después, en medio de una derrota electoral, el propio Quintana. Figueroa se recuesta en Pellegrini; No pasa de cuatro meses, que el “Gringo” también se va. El Régimen parece terminado. 

 El 27 de Diciembre de 1906, fallece Bernardo de Irigoyen, el Presidente que debió ser. Rodeado de sus afectos, en su casona de calle Florida. Será velado en Casa de Gobierno. Los que acuden a su última morada, se siguen sorprendiendo, del rojo punzó que adorna su Hogar. 

     Se iba con Irigoyen parte importante, de la Historia de un Páis. Se iba un estadista honorable, Se iba la esperanza del Rosismo, el Diplomático estelar, el Patriarca del Radicalismo. También se iba un Hombre, y una estela fulgurante que se apagó al no saber, no poder, no querer, cumplir con aquellas expectativas despertadas. Este recuerdo, a modo de epílogo, para un viejo estadista, que se dejaba querer.

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https://www.bancoprovincia.com.ar/Jauretche/revista-forjando/68

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    1. El jaqueado gobierno de Irigoyen en Bs As, 1897-1902. Una ‘intransigencia’ rara. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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