Carlos Pistelli

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Historia de Santa Fe: El Artiguismo, 1815-1818.

https://carlospistelli.wordpress.com/2014/11/17/santa-fe-en-los-inicios-de-la-gesta-emancipadora/

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  ARTIGASCon la llegada de Artigas, Santa Fe se emancipa de Buenos Aires, y asume como gobernador don Francisco Candioti, el “hombre más rico del Río de la Plata”. Una de sus primeras medidas es reunir Cabildo para nombrar diputados al Congreso de Oriente. Finalmente será Diez de Andino el santafesino presente en el Juramento de Arroyo de la China el 29 de Junio de 1815.

 

Francisco Candiotti, Príncipe de los Gauchos

Francisco Candiotti,
Príncipe de los Gauchos.

Candioti enferma de gravedad (contaba 72 años), y asume su cargo el alcalde de primer voto, nombrado con la Revolución, Pedro Larrechea. Dos días antes de su fallecimiento entra Juan José Viamonte (25 de agosto). El 28 Viamonte hace elegir al saavedrista viejo, Francisco Tarragona, gobernador.  Es la guerra:

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LOS AÑOS DE VERA.

  Las conspiraciones no cesan para sacarse de encima la tutela porteña. El 2 de marzo de 1816 estalla la revuelta en el campamento de la 1° compañía de Blandengues, conocida como “La sublevación de Añapiré”. La comanda el teniente Estanislao López.

“Se determina asentar “para perpetuar memoria”, que de resultas de haberse levantado, el 2 del corriente, la 1° Compañía de Blandengues, con su Teniente Estanislao López, y su Alférez Real Pedro José Basaga y unida a las Milicias de Rincón se declararon contra el Ejército de Observación, pudo descubrir que Mariano Vera, Cosme Maziel y Mariano Ezpeleta fueron los principales autores “de esta revolución” y de las Milicias de Coronda, con el objeto de expulsar las referidas tropas e imponer “el Gobierno exclusivo” de esa fracción, bajo la protección del Jefe de los Orientales, “como se vio en el corto período de su independencia”. (Actas del Cabildo de Santa Fe, Tomo XVII B, XVII f 576 v a 579).

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     “El germen de la anarquía” ha estallado. El interino Director porteño, Ignacio Álvarez Thomas envía a su tío político a solucionar el ‘problemón’, Nada más ni nada menos que Manuel Belgrano. Pero el comandante de las tropas porteñas, Eustaquio Díaz Vélez se niega a prestarse a la orden, y Belgrano sigue de largo. Díaz le escribe a Vera para encontrar un concurso pacífico.

 “Estimado Coronel Díaz Vélez, Váyase Ud. al carajo que no son tiempos de conferenciar. Mariano Vera“. Lo que se dice, un “conferenciador” Vera.

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       El 21 de marzo, Viamonte, al no poder contar con los refuerzos de Díaz Vélez debió capitular. El 9 de abril Cosme Maciel firma en Santo Tomé con Díaz un pacto que consistía en desconocer no solo a Belgrano, sino también al propio Álvarez Thomas.

  El 10 de mayo, “El Teniente Coronel Ramón Fernández, Jefe Representante del General de los Orientales, para proceder “al nombramiento que el pueblo debe hacer, en este día, de la persona que ha de ejercer su gobierno” e igualmente de las que han de ocupar cargos concejiles. Nombra, como Presidente del acto, al Dr. Pascual Andino, Manuel Francisco Maziel y Francisco Antonio de Quintana, por sus “socios”. La votación arrojó los siguientes resultados: Mariano Vera 265, Pedro Larrechea 15, Mariano Ezpeleta 2, José Elías Galisteo 1, y por el Cabildo entrante 1. Se resuelve hacer saber al público que resultó electo Mariano Vera”. (Actas del Cabildo de Santa Fe, Tomo XVII B, XVII f 515).

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Lopez y Vera

López y Vera.

   La elección de Vera se dio en el marco de una interna de los ‘vencedores’. La victoria no pudo sino conseguirse con el auxilio de Artigas, presente en Santa Fe esos días. Pero al mismo tiempo el ‘Jefe de los Orientales’ solicita que las armas tomadas al ejército de Viamonte queden en su poder. Vera se niega, y es tomado prisionero. El pueblo santafesino dio una lección autónoma, votando a don Mariano, aún contra las pretensiones de los jefes artiguistas (Artigas ya había emprendido el regreso a la costa del Uruguay).

  Gobernador ratificado, Vera nombra jefe de gobierno a Maciel, Alcalde de la Ciudad a Galisteo (quien había sufrido grilletes humillantes por parte de Viamonte) y Comandante de la Campaña, con el grado de capitán al propio López. El artiguismo se ha instalado en Santa Fe, y la emancipación de Buenos Aires será para siempre.

 En agosto Díaz Vélez, tras infructuosas negociaciones de concordia, ha tomado la ciudad nuevamente, con los saqueos y los desmanes acostumbrados. No pasa ni un mes, que Vera y López lo derrotan y lo expulsan de territorio provincial. Por casi dos años, la seguridad vuelve a nuestras tierras.

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        No las tendrá todas consigo don Mariano. Malones, porteños, disidencias internas, jaquearon su gobierno. Aún así se las arregló para iniciar un camino que no tendría vueltas pa’ tra’.

 Santa Fe no participa del Congreso Independentista de Tucumán (aunque eligió como diputado a don Francisco Seguí). Se liga más a Artigas en su guerra con el Portugal. Pero se intenta algún tipo de acercamiento con Juan Martín de Pueyrredón, nuevo Director Supremo.

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       Ese acercamiento le deparará problemas futuros nunca saldados.

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Una sorda disputa que se inicia.

      Por censo de 1816, el “Pago de los Arroyos” cuenta con casi 5 mil habitantes, los cuales 736 viven alrededor de la Capilla. 436 son mujeres, 300 varones, de los cuales 170 son niños. Los hombres están desperdigados en las guerras que asolarán la región hasta finales de 1820.

 El crecimiento de Rosario en cien años ha sido lento pero parejo. En un primer momento se declaró artiguista, y sólo por el apuro, y las carencias de las arcas, un representante suyo no participa del Congreso de Oriente.

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       La población provincial era netamente rural, con algunos asentamientos urbanos donde destaca la ciudad de Santa Fe. Cuatro departamentos componen su organización territorial: Capital; Rincón, al norte; Coronda, al sur; Rosario en el límite provincial fijado con Buenos Aires en el Arroyo del Medio. La preponderancia de la capital es total, pero empiezan los conflictos con Rosario.

 El mismo tenía como núcleo de la pelea, el excesivo centralismo capitalino, que los rosarinos ya consideraban perjudicial. Al mismo tiempo, las constantes guerras con Buenos Aires, sacuden la vida de la cuna de la Bandera. Y la influencia porteña se mete entre sus “barriadas”, así como López escribía que era recibido como Libertador al ingresar al norte bonaerense. Era un territorio que pasaba de manos según los caracteres de la guerra, y muchos rosarinos culpaban a Santa Fe de todos sus males, viendo en la ciudad del Plata la posible solución de los mismos.

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       Tiene tanto presente la Historia, que parece que les estoy contando del 2015 en vez de doscientos años ha.

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1818 

          En los primeros meses de 1818, Artigas hace firmar en sus cartas que será el año de la victoria de sus ideas. Una certeza tiene para hacerlo: Las seguridades que le da Vera que el artiguismo se propaga por el país.

 Mal hizo Vera en asegurarle lo que no estaba para nada garantizado. En 1817 el capitán López ha vencido a huestes porteñistas entrerrianas, y en mérito asciende a Teniente Coronel. El nombre del futuro caudillo empieza a ser voceado en la provincia.

 También es cierto que el inicio de ese crucial 1818, para Artigas, fue de levantamientos federalistas en distintas regiones: La Rioja, Córdoba, otra vez Santiago, y unos personeros de Vera que recorren el páis dando seguridades, y duros contenidos epistolares hacia Bs. As. Una de esas cartas va dirigida al Glorioso Güemes, pues se cuenta que Vera hizo amistad con él. Pero Belgrano la intercepta, sermonea a Güemes sobre las “verdaderas razones” que mueven políticamente a los artiguistas, y lanza epíteto tras epíteto hacia el Protector de los Pueblos Libres.

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       La posibilidad de una concordia con Pueyrredón fracasa, y un malón llega a las puertas de Santa Fe. Vera había enviado a someter a la indiada al capitán Juan Pablo López, hermano de Estanislao, quien fue derrotado. Los ‘acaudalados’ santafesinos echan pestes hacia el Gobernador Popular, y éste se descarga en carta a Artigas tratando de desnaturalizados a los indios. No conocemos el tenor de una posible respuesta de éste. Pero esas palabras, y sus fracasos, sellaron el fin de don Mariano.

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La caída. 

      La suerte estaba echada.

 En el invierno de 1818 las conspiraciones están a flor de piel. Seguí, Cosme Maciel, Galisteo, el capitán Juan Manuel Roldán auspician la caída de Vera.

 El 14 de julio la 2° compañía de blandengues se subleva y toma la ciudad.
El 15 los conjurados convocan a elegir gobernador, puesto que Vera renuncia para evitar el derramamiento de sangre.
El 17 una votación popular ratifica al renunciante en el cargo por 265 votos contra 18, que lo vivan hasta el hartazgo.
Fuerzas veristas se posicionan en Santa Fe, en Coronda, en Rosario y hasta en  San Nicolás para sostener al mandatario popular. Se avecina, se creería, una guerra entre hermanos.
Vera, a pesar de poder librar la lucha, contando con tan entusiastas seguidores, declina la misma, y se retira a la Bajada.
Los veristas, que no quieren ceder ni en nada, toman prisionero al capitán Roldán, en una audaz jugada. Acaso no sabían, imposible no lo supieran, de quien era padre Juan Manuel Roldán.

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       El hijo de Roldán estudia lo que está aconteciendo desde su posición militar en Rincón. Desde allí los escucha a todos, y se dispone a actuar. El 23 de Julio ingresa en la capital y se hace con el mando de la provincia. Mando que no soltará por veinte años. Hace su entrada en la Historia Grande, Estanislao López, “El Patriarca de la Federación”.

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4 comentarios

  1. Norberto Briggiler

    Ideas para revisar: el papel de Mariano Vera
    No es un comentario para publicar sino unas ideas que no reviso hace rato
    Creo que, no muy claramente, se asigna a Vera una posición que no tenía,
    “Los ‘acaudalados’ santafesinos echan pestes hacia el Gobernador Popular, y éste se descarga en carta a Artigas tratando de desnaturalizados a los indios.”
    ¿Gobernador Popular de dónde? Los antecedentes de Santa Fe hasta Vera eran que detrás tenían a todos los sectores sociales (“populares” y “no populares”) que confluyeron tras una figura de la “parte más sana de la población” (Candioti primero y Vera después) en contra de Buenos Aires. Tenían la popularidad de la riqueza en una sociedad cohesionada por los intereses autonomistas.
    Pero eso comienza a hacer crisis con la ciudad amenazada por los indios y otros padecimientos. Vera considera a Buenos Aires una opción. El Cabildo se mantiene artiguista.
    López no va a soltar algo hasta su muerte, pero no es la gobernación de Santa Fe que pondrá en juego más de una vez ante el sufragio universal masculino.
    Lo que no va a soltar es la causa federal que aprendió después de quedar prisionero en El Espinillo. Esa causa federal implicaba la autonomía de Santa Fe. Artigas, en cuanto Protector de los Pueblos Libres, no era el mandamás “federal”; era un “primus inter pares”
    En este período me adhiero a la posición del historiador santafesino José Rafael López Rosas.
    Lo que sigue es copiar pegar a terceros por falta de tiempo.

    COPIAR PEGAR
    ———————————————————————————
    Tratados del 28 de mayo entre Buenos Aires y Santa Fe
    28 de mayo de 1816
    Antecedentes: Conflictos entre Artigas y Buenos Aires
    El 24 de marzo de 1816, el Congreso de Tucumán inaugura sus sesiones.
    Con la firma del Pacto de Santo Tomé (ver 9 de abril de 1816), Buenos Aires buscaba restablecer las relaciones con las provincias del Litoral que se encontraban bajo la órbita de Artigas.
    El 3 de mayo el Congreso de Tucumán designa a Pueyrredón Director Supremo.

    El tratado
    Las negociaciones entre Buenos Aires y Santa fe, iniciadas con el Pacto de Santo Tomé, que luego fueron interrumpidas por la decisión de Artigas de no ratificar lo convenido, se reanudaron en el Cabildo de la ciudad capital de esta última provincia por la voluntad de su gobernador Mariano Vera, quien se propuso actuar con independencia respecto del jefe oriental.
    El 28 de mayo de 1816 se reunieron en el cabildo de Santa Fe los comisionados de esa provincia y de Buenos Aires.
    Los representantes de ambas provincias firmaron dos tratados: uno público y otro secreto. El primero estaba integrado por una declaración de los fines del convenio y 15 artículos en los que se definían los puntos acordados.
    El tratado secreto contenía dos artículos. El 1º establecía la devolución de prisioneros por Artigas sin responsabilidad de Santa Fe y el 2º que si Artigas no cumplía el punto 1º debería responder a Buenos Aires.
    El historiador López Rosas hace notar la importancia de este segundo artículo en donde se advierte la posición de Mariano Vera de comenzar a desprenderse de la tutela de Artigas y de tratar directamente con Buenos Aires. Beatriz Moreyra ha interpretado la política de Vera como una búsqueda de “equilibrio” entre las partes (Buenos Aires y la Banda Oriental), con el objeto de evitar cualquier confrontación que pudiese afectar a Santa Fe, situada entre dos fuegos. No debe entenderse equilibrio en el sentido de “neutralidad”, sino de una opción en función del costo-beneficio dentro del marco de la coyuntura histórica del momento. Si Artigas ofrecía más garantías a los intereses locales, contaba con el apoyo santafesino. De lo contrario era Buenos Aires la que se beneficiaba con el acercamiento. Las relaciones de Vera respecto de la Banda Oriental y Buenos Aires fueron claramente pendulares, privilegiando la defensa de la autonomía provincial y los intereses generales de los santafesinos.
    Esta política tuvo también sus motivos económicos. Debe recordarse que Santa Fe por su situación geográfica necesitaba inevitablemente de un puerto para dar salida a su producción. El deslinde de la cabecera intendencial -con la revolución que llevó a Candioti al poder- perjudicó el tráfico comercial hacia el puerto de Buenos Aires, eliminando la participación de Santa Fe en el intercambio que Buenos Aires mantenía con las provincias interiores. Montevideo asumió entonces un papel importante en la economía santafesina. Fue durante el gobierno de Candioti que las relaciones con el artiguismo se estrecharon.
    Cuando la invasión portuguesa a la Banda Oriental impidió a Santa Fe acceder al puerto de Montevideo, la política santafesina comenzó a deslindarse paulatinamente de la influencia artiguista. (10) Así, la posición de “equilibrio” del gobernador Mariano Vera respecto de Buenos Aires y la Banda Oriental fue el producto de una visión esencialmente pragmática que advertía las necesidades de la provincia y los costos de una postura demasiado abierta hacia alguna de las partes.
    Hacia 1818, las relaciones entre Santa Fe y la Banda Oriental continuaron, esta vez a solicitud de la primera en virtud de su necesidad urgente de contar con auxilios para hacer frente a los indígenas. Los santafesinos llegaron a pensar que eran los mismos porteños los que utilizaban la fuerza indígena para someterlos:
    (…)No puede tolerarse el desafuero de estos Bárbaros, y lo qe hay esqe segun lo qe me comunican desde Coronda ellos son ciertamente mobidos por los Sres Porteños pues sus caciques han sido antes llamados a Santiago y desde alli se han dirigido a hostilizar, cuia noticia lacomprueban las circunstancs de haber los Indios ultrajado a los vezinos titulandolos Montoneros (…)
    El uso por los indígenas del apelativo que utilizaban los porteños para referirse peyorativamente a los santafesinos rebeldes daba según Vera la pauta de que aquéllos actuaban de acuerdo con Buenos Aires.
    Además, Buenos Aires enviaba en marzo de 1818 una nueva invasión al Litoral. El general Juan Ramón Balcarce se instalaba en la frontera de Santa Fe, mientras el coronel Marcos Balcarce marchaba hacia Entre Ríos. Esta situación tan desgastante fue debilitando políticamente a Mariano Vera y dejando lugar al predominio de Estanislao López.

    • Carlos Pistelli

      Gracias Norberto. Siempre tan claro y profundizando algo que en la nota no describí.
      En las próximas notas me metere de lleno en la figura gigantesca de don Estanislao.

  2. Carlos Pistelli

    JUAN CARLOS SEQUEIROS:

    El amigo Vera no se caracterizaba precisamente por ser un modelito de prudencia. Había entrado en una negociación con el Directorio, con la participación del Congreso que sesionaba en Tucumán. El convenio al que se arribó consistía en que Buenos Aires reconocería la autonomía de Santa Fe y la indemnizaría por los daños y perjuicios que le había causado, y ésta enviaría un diputado al Congreso de Tucumán; pero bajo cuerda se había incluído una claúsula secreta en función de la cual Santa Fe quedaba obligada a cumplir lo pactado aún cuando Artigas se opusiera; lo cual significaba que Vera se alejaría del artiguismo. Claramente, el meollo del asunto era ese: meter una cuña en el artiguismo, separando a Vera. Pero ocurrió que los que urdieron la cosa se olvidaron de un detalle: el Congreso había designado para actuar en la negociación entre Santa Fe y Buenos Aires a Miguel Calixto del Corro, diputado por Córdoba, quien al percatarse de lo que se estaba buscando, fue a la Banda Oriental a poner sobre aviso a Artigas de lo que se tramaba en su contra.
    .
    De todos modos, la llegada de Vera al gobierno santafesino, representaba una continuidad de la línea fijada al asumir Candioti y que había sufrido un quiebre al morir éste y reemplazarlo Tarragona. Y si bien Vera no se caracterizó por seguir mansamente los dictados de Artigas (que después de todo, no tenía por qué hacerlo); Artigas tampoco tuvo ductilidad política como para mantener a Santa Fe en el redil. A Vera en Santa Fe le pasó más o menos lo mismo que a José Xavier Díaz en Córdoba: obligado por las circunstancias a fluctuar entre el Directorio y Artigas, tuvo problemas con uno y otro.
    .
    CARLOS SIMILE:
    Me atrevo a agregar un comentario sobre “El Príncipe de los Gauchos”como lo llamaban sus paisanos para agasajarlo y los porteños como burla : El comerciante inglés John Parish Robertson, viajero que llegó a Santa Fe a fines de 1812, dejó una descripción de Francisco Antonio Candioti que resume su presentación.
    “Señor de 300 leguas cuadradas de tierra, propietario de 250.000 cabezas de ganado, dueño de 300.000 caballos y mulas; y de más de 500.000 pesos atesorados en sus cofres, en onzas de oro importadas del Perú.
    “Llegaba a la sazón de una de esas excursiones a aquel país; se sentaba sobre el lomo de un bayo lustroso y potente; decididamente el animal más lindo que yo había visto en el país. Nada más espléndido como caballo y jinete tomados en conjunto, y en relación con el estilo gauchesco de montura en boga, se podría encontrar en Sud América”.

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